café
18 diciembre 2011
Días más tarde se desternillaron de risa pero entonces se miraban con violencia, y era la primera vez. Ya pasó. De la cuenca al cerebro la rabia se disipó como el veneno en pocas dosis. Aunque habría que ver la afrenta de dos sostenida en una mirada mutua impía. Existe un breve interregno entre el frenesí y la crudeza, una especie de lámina de dos filos, ambos lacerantes. Segundos. Jaime recogió el estropicio y empleó mismamente un cojín para absorber los restos de café que ahora parece una mancha de humedad o un listón nudoso en la madera del suelo. La taza en las manos de Alicia era un vaso de cerámica anclado al torno, una forma inane, una chalana a la deriva en el proceloso cruce reactivo de palabras que acaban de pasar.
Oh, distance has no way of making love understandable
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