Tráfico

30 septiembre 2011

Manuel maltrataba el acelerador invadido por el ritmo trepidante de una canción. El coche responde enfebrecido al ímpetu de cada compás, y Manuel domestica el asfalto a la velocidad de la luz tenue de la última hora del día. Tiene la barba desaliñada de hace semanas y la fuerza de una noche vencida y anclada en la sien, y cercos del alcohol cristalizado en la comisura de los labios. El gasoil se vaporiza dibujando una estela de ambigüedad a la bruma otoñal. La quinta astilla el cambio.

María se balancea en un estándar de jazz rayado en un viejo cedé mientras sueña la soledad de su cama. Una mala presentación en power point, un trabajo desapasionado en un cuarto piso, una nueva afrenta con su jefe por la mañana. La línea negra del lápiz de ojos descolla por encima de unas pestañas que abrigan una mirada exánime. La suciedad del parabrisas amarillea la senda recta y alienante del cada día a la misma hora de la vuelta a casa.

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